Make your own free website on Tripod.com

May Samra

Una mujer sin emes
Home
Tradición Árabe
Israel
Mi familia
Cuentos
English
Dame tu Opinión
Otros Sitios de Interés
Philosophies for lonely travel
Mis Encuentros
the moon was orange
may

Una mujer sin emes

 

“Poca “m” es la que tú tienes”, le dijo el marido al dejarla, tras haber firmado los documentos del divorcio.

 

 Dicen que, en la vida, no hay coincidencias. Es así como, al día siguiente, se le perdió la “eme”. El jugo de sus diarias zanahorias con chile, con las que intentaba engañar el hambre, cayó sobre el teclado de su computadora portátil. La mujer intentó secar el teclado con unos pañuelos desechables, luego con el suéter que tenía puesto, sopló encima de la máquina, la puso boca abajo…De cualquier forma, la aventura dejó su rastro. Por  mucho que presionaba la tecla de la “eme”, la letra no aparecía en la pantalla.

 No hubo forma de arreglarlo, pues un técnico cejudo de la tienda mac decretó que había que cambiar el teclado entero y eso era demasiado caro para ella.

 

Recorrió al “copiar-pegar” que consistía en copiar la eme cada vez que encendía el ordenador. mas en caso de las misivas a sus amigos, ella les explicó la primera vez lo sucedido y les dejó a cargo descifrar los mensajes sin m que les enviaba. Finalmente, si eres amigo, debes entender y poner un poco de voluntad para apoyar a una compañera en problemas.

Hubo algunos malentendidos al principio. Por ejemplo, cuando ella propuso a un colega de otra oficina colaborar “mano a  mano” en un proyecto de “diseño animal”. Otro corresponsal no comprendió a qué lo invitaba cundo le propuso ir a “comer”. El hecho de ser una mujer divorciada no facilitaba las cosas.

 

Sin embargo, su vida se acomodó de alguna manera sin las emes y no hubo siquiera necesidad de cambiar el teclado. Por ejemplo, la existencia dejó de ser, como ella la nombraba,  “una verdadera mierda”. Su nombre “maría” se transformó en un canto glorioso.

 

Finalmente, pensó, las emes no son indispensables. Sí, eran un poco sobrevaloradas, especialmente por quienes se dedicaban a la meditación y habían hecho del Ommmm la base de la misma. Decidió vivir una vida más ligera, eliminando un día a la vez esta letra de su vocabulario. Una persona como ella, que  tenía tanto que dar al mundo, podía viajar más ligera.

 

La primera palabra en irse, por supuesto, fue matrimonio. Al eliminar los mi, mío, a mí, se volvió poco egocéntrica. Reemplazó los alimentos, con los que llenaba sus vacíos, con satisfacciones menos instantáneas.

Se dedicó a estudiar y a conocer .Ahora, en vez de morder sustancias comestibles, digería sensaciones. Pasó de la talla “m” a la “s”.

 

Esta cosa dolorosa que era su alma se volvió ligera de llevar. Sus labios se desarrugaron al no tener que pronunciar la letra ausente.

 

A pesar de que los hombres ahora la perseguían, encantados por lo que calificaban de  “calidad etérea”, ella supo que no necesitaría específicamente de uno, porque la palabra amor había perdido su sentido adolescente. Optó por reemplazarla por “aventura”, menos trillada. El unir vocales que, si no fuera por la falta de eme, jamás se hubieran unido, ensanchó  su mundo y tuvo encuentros singulares.  En cuanto a las cuestiones prácticas, dejó la palabra “masturbación” en los anales de su vida pasada, pues tenía quién la acariciara hasta el gozo pleno.

 

Un día, conoció a Zacarías  A., cuyas iniciales abrían y cerraban el alfabeto, equidistantes de la letra olvidada. Sospechó que estaba a punto de descubrir su contraparte.

 

Y cuando, desde la primera carta virtual, él le envió una centena de emes , un obsequio de lujo pues ella ya no las necesitaba, supo que el universo al fin le traía la pareja con la cual pasearía por la vida.