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May Samra

¿Líbano, mi país natal, una república islámica?
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the moon was orange
may

Soy mexicana de origen libanés. Nací en el país de los cedros, país de la dulzura de vivir, aroma del jazmín, calor del jamsín, hospitalidad de mil sonrisas, azul del Mediterráneo. Mesas llenas de brillantes hojas de parra, piñones dorados, trigo perfumado con perejil y aceite de olivo, postres de agua de azar recién salida del alambique, sobremesas oliendo a café turco y  rosquillas. Paseos por Baalbek, Zahle, Sofar, veranos en  Bhamdun.

 

Paraíso de la cultura, que dio a luz a un Gibran Jalil, a un Darwich, a un Maalouf. Música de Fairuz y Sabah. La Universidad St Joseph de Beirut, una de las más prestigiadas del Medio Oriente. Las culturas árabes y francesas, fundidas en sofisticación y refinamiento, que brillan en los grandes ojos de nuestras mujeres de porte altivo y elegante.

 

Mosaico de culturas que convivieron en un orden utópico, hermoso. Vecinos de diferente fe que fuimos como hermanos durante los años en que yo viví allí, la cruz amiga que saludaba al atravesar la calle, el canto del muecín en la mañana como parte del sonido de Beirut, la sinagoga de la esquina. El aire era dulce de respirar. Navidad, el Ramadán y Rosh Hashaná eran todas nuestras festividades ¿Dónde está el país de mi infancia, dónde el paraíso a la orilla del Mediterráneo, por qué tus playas, por qué tus cedros nevados, por qué el radicalismo impuesto con el dolor y la sangre, por qué?

 

Líbano, tu cara no es la cara del Sheik Nasrallah con sus declaraciones incendiarias y mortíferas. Me rehúso a pensar que este país, la “Suiza del Oriente” se vuelva una República Islámica, modelada sobre Irán. Donde hombres barbudos anden con metralletas y ambiciones jihadistas de difundir su fe con la espada, hasta los últimos rincones del planeta, erradicando convicciones diferentes, Donde rija un hombre como el presidente iraní, quien envíe a diario un mensaje de odio como un leitmotiv mientras aterroriza a su población y desarrolla en sus sótanos armas de destrucción masiva . Donde la ley islámica es la única que gobierna. Donde una mujer vale la mitad que un hombre, recibe la mitad del sueldo por el mismo trabajo, la mitad de la herencia que le corresponde y no tiene derecho alguno sobre sus hijos. Donde las mujeres libanesas andarán veladas, cubriéndose con cuidado el cabello, los ojos llenos del  miedo de recibir castigos corporales.

 

 No, esto no es mi país natal, esto no es Líbano.

 

El país donde nací ¿dirigido por una organización terrorista que lleva a su activo miles de víctimas,  los Marines asesinados sin piedad, los secuestrados y torturados, los aviones plagiados a punta de pistola, sus garras llegando hasta los israelíes y judíos de Argentina?

 

Hoy, los libaneses, en el mejor de los casos están siendo detenidos en las aduanas, sospechosos de terrorismo; en el peor, secuestrados en edificios desde los cuales guerrilleros con ideales iraníes disparan contra Israel – mujeres y niños ofrecidos como carne de cañón, como slogans de propaganda en portada de los diarios.

 

 No, éste no es mi país natal, éste no es Líbano.

 

Ayer, un millón de personas acudieron a una demostración de solidaridad con Hassan Nasrallah. Un millón de cuatro que conforman el país: Líbano está a punto de convertirse en un mini Irán. Implica que la población sunita, maronita, greco-ortodoxa y de las demás sectas cristianas y otras, van a paso seguro y obediente  hacia su adaptación como ciudadanos de segunda en una República Islámica.

 

Hizbollah  está sacrificando al Líbano.