Make your own free website on Tripod.com

May Samra

¿Cambiará Israel su bandera y su himno para integrar a su minoría árabe?

Home
Tradición Árabe
Israel
Mi familia
Cuentos
English
Dame tu Opinión
Otros Sitios de Interés
Philosophies for lonely travel
Mis Encuentros
the moon was orange
may

Enter subhead content here

Frustración: es lo que emana de un documento redactado por los árabes israelíes como su manifiesto, nombrado “Visión Futura de los Árabes Israelíes”

En el escrito, encomendado por el Mossawa Center- una organización no lucrativa- a las autoridades árabes locales en Israel, se nota que, a pesar de sus esfuerzos, el liderazgo israelí no ha logrado integrar a los árabes en el seno de su sociedad y que esta minoría ha visto exacerbarse su nacionalismo a punto de autodenominarse en el documento “palestinos”, identificándose con la facción hostil al Estado judío.



Conformada por un millón y medio de árabes de nacionalidad israelí, esta minoría reafirma en el documento su permanencia y pertenencia en el país. Llama el establecimiento de la nación judía una nakba (catástrofe), exigiendo el cambio de los símbolos del estado . Entre lo que piden los árabes israelíes está algo que ninguna minoría se atrevería a reivindicar: el cambio de la bandera y del himno nacional, argumentando que no los representa.



Al leer el análisis de su sentir, recordamos textos de Franz Fannon , escritor de la insurgencia argelina contra los franceses. Un extracto del texto es el siguiente:

“Nosotros, los palestinos en Israel somos parte íntegra de este lugar…Fuimos forzados a volvernos ciudadanos del mismo…. A lo largo de las décadas anteriores, Israel intentó desconectarnos de este lugar, no mediante una transferencia física sino a través de una transferencia emocional e intelectual. Israel intentó crear una nueva identidad basada en “lealtad al estado”, como está subrayado en las metas de su currícula educativa.



Por otra parte, vivimos en la sombra del estado judío. Hablamos con fluidez el idioma hebreo. Escuchamos la retórica judía y le brindamos la nuestra. Traducimos libros israelíes al árabe. Nos relacionamos a la cultura del otro, como los intelectuales palestinos que viven en Francia, por ejemplo, o en el Reino Unido o las Américas, contribuyendo a sus culturas . Nos relacionamos a la cultura del otro en el sentido de la importancia de una cultura adquirida distinta de la nuestra propia.



La diferencia entre nosotros y otros que se distinguen por su doble referencia cultural es que pertenecemos a ambos lados del conflicto, nosotros y ellos. En otras palabras, nos hemos vuelto parte de la cultura del otro / el opuesto.”



Nombrar “el opuesto” a Israel muestra que se ha envenenado la relación entre los israelíes y su minoría árabe, la cual, aunque lejos de ser idílica, parecía cordial en un inicio.



La Declaración de Independencia del Estado de Israel estableció el trato igualitario de todos sus ciudadanos al amparo de la ley, sin diferencia de creencia, nacionalidad u origen.



El viajero que llega a Israel nota que las calles están señaladas en árabe, idioma oficial del estado judío, obligatorio en la educación primaria de los niños israelíes.



Los árabes israelíes tienen derecho al voto, al igual que sus conciudadanos. Tuvieron representación política en el Parlamento Israelí , desde su primera asamblea. Actualmente, los representa en el gobierno un ministro, trece miembros de la Knesset (Parlamento israelí) y un juez de la Corte Suprema.



Algunos miembros árabes de la Knesset han actuado en franca oposición a la legitimidad de la misma nación en cuyo parlamento sirven. Por ejemplo, Azmi Bishara , en diciembre 2005, quien expresó: ”Los árabes israelíes son como todos los demás árabes, con la diferencia de que tienen la nacionalidad israelí impuesta sobre ellos. Devuélvenos Palestina y llévense su democracia. Nosotros los árabes, no tenemos interés en ella.”. O Jamal Zakahlka, del partido Balad, quien enunció públicamente su intención de participar a una conferencia internacional llamada “Semana del Apartheid” en Montreal, evento organizado por el grupo “Solidaridad con los Derechos Humanos Palestinos”, cuyo objetivo es equiparar la política del estado de Israel al apartheid sudafricano.





Basándose en la anteriormente citada Declaración de Independencia israelí, la Corte Suprema de esta nación aceptó la participación en las elecciones del partido PLP, Palestinian Liberation Front, que no reconoce al estado de Israel. Eso a pesar de una enmienda a la Ley Básica (sustituto de la Constitución) que declara ilegal un partido en cuyas metas y acciones “se niega la existencia del Estado de Israel como estado del Pueblo Judío y la naturaleza democrática del estado” o se incite al racismo.



Israel reconoció los méritos de muchos de sus ciudadanos árabes como los de Emile Habibi , escritor , a quien otorgó el Premio Israel en 1992, o la belleza de Rana Raslan, electa Miss Israel en 1999.



En enero 2004, el Primer Ministro israelí, Ariel Sharon, instauró la obligación de nombrar por lo menos un árabe israelí en el panel de directores de las compañías estatales.



A petición de Ahmed Tibi, miembro árabe de la Knesset , las autoridades están construyendo una nueva ciudad, de carácter árabe, en el norte de Israel, abierta a todos los credos .



Dan Shueftan, académico de la Universidad de Haifa, opina que es mejor reconocer que el dilema es “un callejón sin salida” y lanzó en una conferencia esta impactante declaración: “Los líderes árabes israelíes no aceptarán nada que no sea la destrucción del estado nacional judío.”. Interrogado acerca del porvenir de este conflicto, declaró: “Sé que esperan que les diga que todo se va a arreglar. Sin embargo, les digo lo contrario: no funcionará. Hay un consenso del lado árabe que ha adoptado el ethos palestino, aún con la conciencia del precio a pagar. Del lado judío, se cree que no hay solución a este problema y que debe de aceptarse como una dolorosa realidad. Sin embargo, esta situación no tiene que degenerar en confrontación violenta o en lucha de poder. Es mejor pensar en términos de control de daños.” El catedrático opina que ambos lados se apegarán a un resignado “status quo”.



Finalmente, existe un hecho seguro: para la nación judía, ceder a las exigencias de esa minoría y perder su carácter judío significa el suicidio, pues implica sacrificar su razón de ser.



A través de lo anterior, se replantea el problema de los derechos de las minorías en países democráticos. ¿Qué tanto, por ejemplo, la minoría judía en México se atrevería a pedir , para estar debidamente representada, el cambio de la Virgen de Guadalupe como icono nacional?