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May Samra

El exilio
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the moon was orange
may

Soy nieto de exiliados. El exilio forma parte de mis genes. Mis dos abuelos se vieron forzados a abandonar Siria, y mi madre tuvo que escapar Líbano en tiempos de la guerra civil. Mi abuelo Victor, al llegar a Israel, no quería abandonar este país, aunque no encontrara trabajo en él, porque no quería volver a ser refugiado.¡ D-os bendiga este rincón del mundo que hemos hecho nuestro hogar!

 

 

El exilio es estar lejos: del centro, de las raíces, del hogar. Es tener una referencia que se vuelve ideal, monumento, altar. Quise yo creer que el exilio no es el desarraigo, sino todo lo contrario; creí que mis raíces se extendían tan lejos como lejos era el lugar añorado. Solía decirme: eres de aquí como de cualquier otro lado, eres ciudadana del mundo ya que tu punto de partida es inaccesible para ti. Más adelante, me di cuenta que, como todo el mundo, había estado buscando la fuente, el absoluto pero con una brújula cuyo norte era un punto lejano, imposible de alcanzar.

 

Los judíos, en su Génesis, inventaron el exilio como muchas otras cosas. Es Adán, avergonzado, lanzando una mirada suplicante hacia el paraíso. Es la Tierra Prometida.

Te recordaré, volveré a ti. Hasta entonces, deambulo, la eterna diáspora.

El exiliado leva en su sonrisa alegrías de los ocho mares; acentos indefinibles surcan su lengua; supersticiones de tierra de prodigios moldean su gesto de cada día. Sus pies intentan encajar en huellas profundas que me quedan demasiado grandes o demasiado pequeñas.

El exiliado siente el corazón partido, el alma que flota; teme que se desmorone la tierra bajo sus pies; o que, por un extraño capricho del destino, despierte un día de un lado de una grieta-con sus seres queridos del otro.

 

Felices quienes nacen y mueren en el mismo lugar, que no tienen en sangre los pies y el alma, que no han tenido que dejar parte de ellos bajo otros soles, quienes saben exactamente quienes son.

 

Exiliado, has de sentirte perdido. Los átomos que te componen lucharán uno contra el otro en un duelo a muerte, en una batalla que sólo terminará al aniquilar a su dueño.

Exiliado, no mires atrás. Un pequeño desliz, un ritmo conocido, un sabor de un guiso familiar, cualquier cosa te puede jalar hacia el vacío, al punto de no retorno.

Resígnate a tener un pie en cada continente, una huella que no será eterna, hasta que la muerte te vuelva uno de nuevo.

 

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